martes, 16 de noviembre de 2010

Fragmento Verónika decide morir.

¿Qué era un loco?

No tenía la menor idea, porque esa palabra se utilizaba de una manera completamente anárquica: decían, por ejemplo, que ciertos deportistas estaban locos por desear superar récords. O que los artistas eran locos porque vivían de una manera insegura, inesperada, diferente de todos los "normales".

- No sé lo que es un loco - susurró Veronika -, pero yo no lo soy. Soy una suicida frustrada.

- Loco es quien vive en un mundo propio - dijo Zedka -. Como los esquizofrénicos, los psicópatas, los maníacos. O sea, personas que son diferentes de las demás.

- ¿Como tú?

- Sin embargo - continuó Zedka, fingiendo no haber oído el comentario -, ya debes de haber oído hablar de Einstein, que afirmaba que no había tiempo ni espacio, sino una fusión de ambos. O de Colón, que aseguraba que al otro lado del mar no había un abismo, sino un continente. O de Edmund Hillary, que confirmaba que un hombre podía llegar a la cumbre del Everest. O de los Beatles, que crearon una música diferente y se vestían de una forma totalmente innovadora. Todas estas personas, y millares de otras, también vivían en su mundo.

- Te contaré una historia - dijo Zedka -

"Un poderoso hechicero, queriendo destruir un reino, colocó una poción mágica en un pozo del que todos sus habitantes bebían. Quien tomase aquella agua, se volvería loco.

A la mañana siguiente, toda la población bebió y todos enloquecieron, menos el rey, que tenía un pozo privado para él y su família, dónde el hechicero no había conseguido entrar. El monarca, preocupado, intentó controlar a la población ordenando una serie de medidas de seguridad y de salud pública, pero los polícias e inspectores habían bebido el agua envenenada, y juzgando absurdas las disposiciones reales, decidieron no respetarlas de manera alguna.

Cuando los habitantes de aquel reino se enteraron del contenido de los decretos, quedaron convencidos de que el soberano había enloquecido y por eso disponía cosas sin sentido. A gritos fueron hasta el castillo exigendo que renunciase.

Desesperado, el rey se declaró dispuesto a dejar el trono, pero la reina lo impidió diciendo: "Vayámonos hasta la fuente y bebamos también. Así nos volveremos iguales a ellos".

Y así se hizo: el rey y la reina bebieron el agua de la locura y empezaron inmediatamente a decir cosas sin sentido. Al momento sus súbditos se arrepintieron: ahora que el rey estaba mostrando tanta sabiduría, ¿por qué no dejarle gobernar?

 El país continuó en calma, aunque sus habitantes se comportasen de manera muy diferente a sus vecinos. Y el rey pudo gobernar hasta el fin de sus días."



Veronika se rió.

- Tú no pareces loca - dijo.

- Pero lo soy, aunque esté siendo curada, porque mi caso es simple: basta recolocar en el organismo una determinada sustancia química. Sin embargo, espero que esa sustancia se limite tan sólo a resolver mi problema de depresión crónica; quiero continuar loca viviendo mi vida de la manera que yo sueño y no de la manera en que otros desean. ¿Sabes lo que hay allá afuera, detrás de los muros de este manicomio?

- Gente que bebió del mismo pozo.

- Exactamente - dijo Zedka -. Creen que son normales porque todos hacen lo mismo. Voy a fingir que también bebí de aquella agua.

                                                             Paulo Coelho.   

martes, 2 de noviembre de 2010

Fragmento Demian...

" Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dió unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.

(...)Las cosas que vemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. " 

Herman Hesse

Pequeña frase.

"El hombre blanco va a la iglesia y habla de Dios; el indio va a su tipi y habla con Dios."