viernes, 23 de diciembre de 2011

Poemas del manicomio de Mondragón.

Los libros caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de viejo moribundo),
y las palabras me azotaban y un remolino de gente gritaba contra los libros,
así que los eché todos a la hoguera para que el fuego deshiciera las palabras...
Y salió un humo azul diciendo adiós a los libros y a mi mano que escribe:
"Rumpete libros, ne rumpant anima vestra":
que ardan, pues, los libros en los jardines y en los albañales
y que se quemen mis versos sin salir de mis labios:
el único emperador es el emperador del helado,
con su sonrisa tosca, que imita a la naturaleza y su olor a queso podrido y vinagre.
Sus labios no hablan y ante esa mudez de asombro,
caigo estático de rodillas, ante el cadáver de la poesía.



 Leopoldo María Panero

martes, 20 de diciembre de 2011

¡Guaridas! ¿Guardias?

Creo que la vida te resulta tan complicada porque piensas que hay gente buena y gente mala —empezó el hombre—. Pero te equivocas, desde luego. Únicamente hay gente mala, lo que pasa, es que algunas personas ocupan posiciones enfrentadas.
Hizo un gesto en dirección a la ciudad, y se acercó a una ventana.
—Es un inmenso mar de maldad —dijo, casi como hablar de una propiedad suya—. Poco profundo en algunas zonas, claro, pero enorme, terriblemente profundo en otras. Siempre hay gente como tú que construye frágiles barquitas de normas e intenciones vagamente buenas, y decís que eso es lo bueno, lo que triunfará al final. ¡Es increíble!
Dio una amable palmadita a Vimes en la espalda.
—Ahí abajo —siguió—, hay gente que seguirá a cualquier dragón, que adorará a cualquier dios, que cerrará los ojos ante cualquier iniquidad. Aceptarán toda maldad cotidiana. No es la maldad creativa, aguda, de los grandes pecadores, sino una especie de oscuridad masiva de las almas. PEcado sin originalidad, se podría decir. Aceptan el mal, no porque digan sí, sino porque no dicen no. Lo lamento si esto te ofende —añadió, dando unas palmaditas en el hombro del capitán—, pero los que son como tú nos necesitan.
—¿Sí, señor?
—Oh, sí. Somos los únicos que sabemos hacer funcionar las cosas. Verás, lo único que hacen bien las personas buenas es librarse de las malas. Eso lo hacéis de maravilla, desde luego. Pero lo malo es que es lo único que hacéis de maravilla. El primer día suenan las campanas porque ha caído el tirano, y al siguiente todo el mundo empieza a quejarse porque, desde que se fue el tirano, no funciona el servicio de recogida de basuras. Porque la gente mala sabe hacer planes. Se podría decir que es un requisito imprescindible para ser malo. Hasta el último tirano malévolo ha tenido un plan para dominar el mundo. En cambio, la gente buena no parece comprender el concepto.



 Terry Pratchett

Mundo feliz.

Una mujer lee Un mundo feliz de Aldous Huxley.
A su lado, un hombre de mediana edad,
aunque muy deteriorado, estira el cuello y ve,
en la página 217, esta frase:
“La felicidad es un patrón muy duro,
especialmente la felicidad de los demás”.
No lo puede soportar.
Es desdichado y sabe que nunca dejará de serlo.
Ha perdido su trabajo, nadie lo ama, cree que está enfermo.
Saca un cuchillo y degüella a la responsable de su desgracia.
Debería prohibirse, reflexiona, la lectura de ciertos libros en lugares públicos.


Sergio Gaut vel Hartman

Rayuela.

" Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua."


 Julio Cortazar