jueves, 13 de diciembre de 2012

Muéstrame Tu Rostro

"En este vivir día tras día en busca del Señor,
lo que más desconcierta a los caminantes
de la fe es el silencio de Dios.
'Dios es aquel que siempre calla desde
el principio del mundo: he ahí el fondo
de la tragedia', decía Unamuno".




Ignacio Larrañaga

domingo, 18 de noviembre de 2012

Breviario de pobredumbre

" Me seducen las distancias lejanas, el inmenso vacío que proyecto sobre el mundo. Crece en mí una sensación de vaciedad; se infiltra en mi cuerpo como un fluido ligero e impalpable. En su avance, como una dilación hasta el infinito, siento la presencia misteriosa de los sentimientos más contradictorios que ha acogido jamás el alma humana. Soy feliz e infeliz a la vez. Estoy exaltado y deprimido, desbordado por el placer y la desesperación en la más contradictoria de las armonías. Estoy tan alegre y tan triste que en mis lágrimas se reflejan el cielo y la tierra al mismo tiempo. Aunque sea solamente por la alegría de mi tristeza, querría que no hubiera más muerte en esta Tierra. "

 Emile Cioran

lunes, 1 de octubre de 2012

Fides et ratio

La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas
con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la
contemplación de la verdad. Dios ha puesto en
el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y,
en definitiva, de conocerle a Él para que,
conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar
también la plena verdad sobre sí mismo.

Papa Juan Pablo II

viernes, 3 de agosto de 2012

Camino a casa, el perdón

"Esta mañana medite sobre el deseo de Dios de perdonarme, revelado en las palabras del Salmo 103,12: 'Tan lejos como está el oriente del ocaso, aleja Él de nosotros nuestras rebeldías". En medio de todas mis distracciones, fui tocado por el deseo de Dios de volver a perdonarme una y otra vez. Si volvía a Dios con un corazón arrepentido después de haber pecado, Dios estaba siempre allí para abrazarme y permitirme comenzar de nuevo. 'El Señor es compasivo y clemente, tardo a la cólera y lleno de amor'.

Es difícil para mí perdonar a alguien que realmente me ha ofendido, especialmente cuando ha sucedido más de una vez. Empiezo a dudar de la sinceridad del que me pide perdón por segunda, tercera o cuarta vez. Pero Dios no lleva la cuenta. Dios sólo espera nuestro regreso, sin resentimiento o deseo de venganza. Dios nos quiere en casa. 'El amor del señor es eterno'.

Quizás la razón por la que se me hace difícil perdonar a otros es que yo no creo totalmente que soy una persona perdonada. Si pudiese aceptar plenamente la verdad de que estoy perdonado y que no debo vivir con culpa o vergüenza, sería realmente libre. Mi libertad me permitiría perdonar a otros, setenta veces siete. Al no perdonar, me encadeno al deseo de desquitarme y, por lo tanto, pierdo mi libertad. Una persona perdonada perdona. Esto es lo que proclamamos cuando rezamos: 'Y perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden'.
Esta lucha, que dura toda la vida, yace en el corazón de la vida cristiana".













Henri Nouwen


El Alquimista

"Siempre existe en el mundo una persona que espera a otra,
sea en el medio del desierto, sea en el medio de una gran ciudad.
Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran,
todo el pasado y todo el futuro pierde completamente su importancia
y solo existe aquel momento y aquella certeza increíble de que todas
las cosas debajo del sol fueron escritas por la misma mano"



Paulo Coelho

El pintor de batallas

- El hombre tortura y mata porque es lo suyo. Le gusta.

- ¿Lobo para el hombre, como dicen los filósofos?

- No insulte a los lobos. Son asesinos honrados: matan para vivir.

- ¿Y cuál es, a su juicio, la razón de que el hombre torture y mate por gusto?

- La inteligencia, supongo.

- Qué interesante.

- La crueldad objetiva, elemental, no es crueldad. La verdadera requiere cálculo. Inteligencia, como acabo de decir… Fíjese en las orcas.

- ¿Qué pasa con las orcas?

Entonces explicó qué pasaba con las orcas. Y contó cómo esos depredadores marinos de cerebro evolucionado, que operaban dentro de un complejo ambiente social comunicándose con sonidos refinados, se acercaban a las playas para capturar jóvenes focas que luego se lanzaban unos a otros a coletazos por el aire, jugando con ellas como si fueran pelotas, dejándolas escapar hasta el límite de la playa antes de capturarlas de nuevo, y seguían así, disfrutando, hasta que, cansadas del juego, las orcas abandonaban la maltrecha presa, descoyuntada, o la devoraban si tenían hambre. Aquello, concluyó, no era algo visto por él en la televisión u oído por ahí. Lo había fotografiado en una playa austral, durante la guerra de las Malvinas. Y aquellas orcas parecían humanas.

- No sé si comprendo bien. ¿Quiere decir que cuanto más inteligente es el animal, más cruel puede ser?... ¿Qué un chimpancé es más cruel que una serpiente?

- No sé nada de chimpancés ni de serpientes. Ni siquiera de orcas. Verlas me hizo pensar, eso es todo. Tendrían sus motivos, supongo: lúdicos, de adiestramiento. Pero su exquisita crueldad me recordó la del hombre. Tal vez ellas no tengan conciencia de esa crueldad, y sólo cumplan los códigos de su naturaleza. Quizá el hombre haga lo mismo: ser fiel a la espantosa simetría de su inteligente naturaleza.

- ¿Simetría?



- Eso es. Un científico la definiría como las propiedades estables del conjunto, pese a las transformaciones… Dicho de otro modo, que las apariencias engañan. Hay un orden oculto en el desorden, diría yo. Un orden que incluye el desorden. Simetrías y respuestas a simetrías.

- Ya veo. Quiere decir que el malvado no puede evitar serlo.

- Digo que somos malvados y no podemos evitarlo. Que son las reglas de este juego. Que nuestra inteligencia superior hace más excelente y tentadora nuestra maldad… El hombre nació predador, como la mayor parte de los animales. Es su impulso irresistible. Volviendo a la ciencia, su propiedad estable. Pero a diferencia del resto de los animales, nuestra inteligencia compleja nos empuja a depredar bienes, lujos, mujeres, hombres, placeres, honores… Ese impulso nos llena de envidia, de frustración y de rencor. Nos hace ser, todavía más, lo que somos.

Arturo Perez Reverte


viernes, 27 de abril de 2012

Tormentas Eléctricas

Tendrías que ver esto. Está teniendo lugar la mayor de las tormentas eléctricas que he
visto en mi vida, y es algo asombroso. El cielo comenzó a iluminarse con destellos
azules, cada vez con más frecuencia. Los truenos hacían pensar en bloques enteros de
casas derrumbándose. Te puedo asegurar que llegué a pasar verdadero miedo. A veces la
luz del relámpago que entraba por la ventana era tan intensa que apuesto a que si durara
más podría cegar a una persona. Me quedé tumbado en la cama, inmóvil, y me puse a
pensar en historias acerca de tormentas eléctricas. No recordé ninguna. Nada digno de
aparecer en los telediarios, o de salir en las primeras planas de los periódicos. Puedo
hablar de desbordamientos, de terremotos o de vendavales. Pero nada de catástrofes
provocadas por rayos. Ahora estoy haciendo memoria. Alguien me contaba hace algún
tiempo la historia de unos familiares suyos. Una noche un rayo entró en su casa, en medio
del campo, y los frió a todos uno por uno. ¿Se puede sentir alguien seguro, incluso en su
propio hogar? Si fuera fotógrafo saldría ahora mismo corriendo con mi cámara, bajaría a
la playa, y esperaría a que mi objetivo captara el momento en el que un rayo desgarra en
dos el firmamento. Como el fotógrafo del cielo. Pero no lo soy, y me alegro. No quiero
salir de aquí, no podría. Carver también le tenia miedo a las tormentas eléctricas. ¿Quién
no? ¡Te juro que acaba de caer uno justo aquí enfrente! Uno no puede confiar mucho en
los pararrayos. Dicen que los hay por toda la ciudad, pero yo no conozco ninguno. Suele
oírse que las iglesias, con sus campanarios, atraen a los rayos. Yo vivo enfrente de una, y
confío en que San Pedro vele por nosotros. Si al menos estuvieras aquí conmigo, sería
diferente. Tú estarías más asustada que yo y a mí me daría la risa, y te prometeria que iba
a salvarte la vida aunque seguiría teniendo miedo. Pero no estás, y la tormenta eléctrica
ilumina de tal forma tu ausencia que me duelen los ojos.
Los relámpagos y truenos se alejan, y sólo queda el chaparrón. ¿Qué ocurre cuando cae
un rayo en medio del océano? ¿No debería morir toda la fauna marina? ¿No debería
electrocutarse cualquier persona que en ese momento se esté dando un baño en el mar, en
cualquier lugar del mundo? Yo no sé nada de estas cosas, pero creo haber llegado a la
conclusión de que las tormentas eléctricas no existen. No son reales, aunque yo las siento
de verdad. Y me aterran. Entonces tomo conciencia de mi soledad. Te extraño hasta el
dolor, te escribo de este modo, y el cielo al fin se calma y nos quiere dar un respiro, y con
ello consigo dormirme aun a sabiendas de que nuevas tormentas eléctricas esperan,
acurrucadas, detrás de mis ventanas.



Nacho Vegas




miércoles, 11 de abril de 2012

El mundo de Sofia


"El hecho de que jamas se haya visto, no quita la posibilidad
 de que en alguna parte del mundo exista un cuervo blanco"


 Jostein Gaarder

jueves, 22 de marzo de 2012

Amor

Si hablo las lenguas de los hombres, y aun las de los ángeles, pero no tengo amor,
no soy más que un metal que resuena o un platillo que retiñe. 
Y si tengo el don de profecía, y entiendo los designios secretos de Dios,
y sé todas las cosas; y si tengo la fe necesaria para
mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada.
Y si reparto entre los pobres cuanto poseo, y aun si entrego mi cuerpo
para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve.
Tener amor es saber soportar, ser bondadoso; es no tener envidia,
no ser presumido, orgulloso, grosero o egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; 
es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad.
Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, soportarlo todo.
El amor nunca dejará de ser. Un día cesarán las profecías,
y no se hablará más en lenguas ni será necesaria la ciencia. 
Porque la ciencia y la profecía son imperfectas 
y tocarán a su fin cuando venga lo que es perfecto.
Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como un niño;
pero al hacerme hombre dejé atrás lo que era propio de un niño. 
Ahora vemos de manera borrosa, como en un espejo;
pero un día lo veremos todo como es en realidad.
Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día
lo conoceré todo del mismo modo que Dios me conoce a mí. 
Hay tres cosas que permanecen:
la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante es el amor.
1 Corintios 13

lunes, 23 de enero de 2012

Si yo, tú

Si yo, tú.
Si caes, yo contigo,
y nos levantaremos juntos en esto unidos.

Si me pierdo, encuéntrame.
Si te pierdes, yo contigo,
y juntos leeremos en las estrellas
cuál es nuestro camino.
Y si no existe, lo inventaremos.

Si la distancia es el olvido,
haré puentes con tus abrazos,
pues lo que tú y yo hemos vivido
no son cadenas, ni siquiera lazos:
es el sueño de cualquier amigo
es pintar un te quiero a trazos,
y secarlo en nuestro regazo.

Si yo, tú.
Si dudo, me empujas.
Si dudas, te entiendo.
Si callo, escucha mi mirada.
Si callas, leeré tus gestos.

Si me necesitas, silba
y construiré una escalera
hecha de tus últimos besos,
para robar a la luna una estrella
y ponerla en tu mesilla para que te dé luz.

Si yo, tú.
Si tú, yo también.
Si lloro, ríeme.
Si ríes, lloraré,
pues somos el equilibrio,
dos mitades que forman un sueño.

Si yo, tú.
Si tú, conmigo.
Y si te arrodillas
haré que el mundo sea más bajo, a tu medida,
pues a veces para seguir creciendo
hay que agacharse.

Si me dejas, mantendré viva la llama hasta que regreses,
y sin preguntas, seguiremos caminando.
Y sin condiciones, te seguiré perdonando.
Si te duermes, seguiremos soñando.
que el tiempo no ha pasado, que el reloj se ha parado.

Y si alguna vez la risa se te vuelve dura,
se te secan las lágrimas y la ternura,
estaré a tu lado, pues siempre te he querido,
pues siempre te he cuidado.

Pero jamás te cures de quererme,
pues el amor es como Don Quijote:
sólo recobra la cordura para morir.
Quiéreme en mi locura, pues mi camisa de fuerza eres tú,
y eso me calma, y eso me cura...

Si yo, tú.
Si tú, yo.
Sin ti, nada.
Sin mí, si quieres, prueba.

Txus Di Fellatio

domingo, 22 de enero de 2012

La importancia de llamarse Ernesto.

JACK. -Estoy harto por completo de la inteligencia. Hoy día todo el mundo es inteligente. 
No puedes ir a ninguna parte sin encontrarte con personas inteligentes.
La cosa ha llegado a ser una verdadera calamidad pública.
Le pido al cielo que deje unos cuantos tontos.
     ALGERNON. -Los hay.
     JACK. -Me gustaría muchísimo encontrármelos. ¿De qué hablan?
     ALGERNON. -¿Los tontos? ¡Oh! De los listos, como es natural.
     JACK. -¡Qué tontos!



Oscar Wilde

jueves, 5 de enero de 2012

Radical.

Me resulta interesante notar que no hacemos lo mismo con otras palabras de Jesús.
Tomamos el mandamiento de Jesús en Mateo 28 de hacer discípulos a todas las naciones y decimos:
"Eso se refiere a otros". Entonces miramos el mandamiento de Jesús en Mateo 11:28:
"Vengan a mi todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso",
y decimos "Bueno, esto se refiere a mi". Tomamos la promesa de Jesús en Hechos 1:8,
donde dice que el Espíritu Santo nos guiara a los confines de la tierra y decimos:
"Esto se refiere a algunos". En cambio tomamos la promesa de Jesús en Juan 10:10 d
e que tendremos vida en abundancia y decimos: "Esto se refiere a mi".

En este proceso, hemos trazado de manera innecesaria (y antibíblica)
una linea de distinción que les asigna las obligaciones del cristianismo
a unos pocos, mientras que mantiene los privilegios del cristianismo para todos.




David Platt