jueves, 22 de marzo de 2012

Amor

Si hablo las lenguas de los hombres, y aun las de los ángeles, pero no tengo amor,
no soy más que un metal que resuena o un platillo que retiñe. 
Y si tengo el don de profecía, y entiendo los designios secretos de Dios,
y sé todas las cosas; y si tengo la fe necesaria para
mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada.
Y si reparto entre los pobres cuanto poseo, y aun si entrego mi cuerpo
para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve.
Tener amor es saber soportar, ser bondadoso; es no tener envidia,
no ser presumido, orgulloso, grosero o egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; 
es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad.
Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, soportarlo todo.
El amor nunca dejará de ser. Un día cesarán las profecías,
y no se hablará más en lenguas ni será necesaria la ciencia. 
Porque la ciencia y la profecía son imperfectas 
y tocarán a su fin cuando venga lo que es perfecto.
Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como un niño;
pero al hacerme hombre dejé atrás lo que era propio de un niño. 
Ahora vemos de manera borrosa, como en un espejo;
pero un día lo veremos todo como es en realidad.
Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día
lo conoceré todo del mismo modo que Dios me conoce a mí. 
Hay tres cosas que permanecen:
la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante es el amor.
1 Corintios 13

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